Page 50 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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confidencialmente, uno o dos detalles sumamente


            curiosos.



              » Al parecer los ocupantes de la casa eran unos


            tales señor y señora de Charles Herbert. De él se


            decía  que  era  un  terrateniente,  aunque  a  mucha


            gente  le  extrañaba,  pues  Paul  Street  no  era


            exactamente el lugar apropiado para un caballero


            de su estirpe. En cuanto a la señora Herbert, nadie


            parecía  saber  quién  era  o  lo  que  era  y,  entre



            nosotros,  tengo  la  impresión  de  que  los  que


            bucearon en su pasado se encontraron con un mar


            de enigmas. Por supuesto, ambos negaron conocer


            al difunto y, a falta de pruebas en contra, fueron


            absueltos.  Pero  se  descubrieron  cosas  bastante


            raras en relación con ellos. Aunque eran entre las


            cinco y las seis de la mañana cuando trasladaron al


            muerto,  se  congregó  una  gran  muchedumbre  y


            muchos vecinos corrieron a ver de qué se trataba.



            Sus comentarios fueron bastante sinceros, al decir


            de todos, y de ellos se desprendía que el número


            veinte de Paul Street tenía muy mala reputación.


            Los detectives intentaron seguirles la pista a estos


            rumores, para dar con algún fundamento sólido,


            pero no lograron encontrar ninguno. La gente se


            limitaba a negar con la cabeza y a enarcar las cejas,



            considerando  que  los  Herbert  eran  más  bien  «


            raros» , que « era preferible no ser vistos visitando

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