Page 46 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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curiosidad  sobre  la  historia  que  acababa  de  oír,


            preguntándose si había oído el principio y el final



            de la misma.


              « No —pensó—, el final ni hablar, tal vez sólo el


            principio. Un caso como este es como un juego de


            cajas  chinas;  abres  una  tras  otra  y  en  cada  caja


            descubres un trabajo de artesanía más original que


            el  anterior.  Lo  más  probable  es  que  el  pobre


            Herbert  sea  sólo  una  de  las  cajas  exteriores;



            seguramente  habrá  otras  más  extrañas  en  el


            interior» .


              Villiers no podía quitarse de la cabeza a Herbert y


            su historia, que parecía cada vez más insensata a


            medida que avanzaba la noche. El fuego empezó a


            apagarse y el aire fresco de la mañana penetró en


            la habitación. Villiers se levantó, miró por encima


            del  hombro  y,  estremeciéndose  ligeramente,  se



            acostó.


              Unos  días  más  tarde  encontró  en  su  club  a  un


            caballero conocido suyo llamado Austin, famoso


            por conocer íntimamente la vida londinense, tanto


            en  su  aspecto  tenebroso  como  en  el  luminoso.


            Absorto todavía en su encuentro en el Soho y sus


            consecuencias,  Villiers  pensó  que  Austin  tal  vez



            fuera capaz de arrojar alguna luz sobre la historia


            de Herbert. Por eso, después de una corta charla


            intrascendente, le planteo de repente la cuestión.

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