Page 62 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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prados  y  trigales,  el  pálido  sol  rojizo  y  la


            deprimente  bruma  blancuzca  que  se  elevaba  del



            agua. Oía una voz que hablaba a través de los años,


            diciendo:  «  Clarke,  ¡Mary  verá  al  dios  Pan!»  Y


            entonces se vio de pie en la siniestra habitación,


            junto  al  doctor,  escuchando  el  pesado  tictac  del


            reloj,  esperando  y  observando,  observando  la


            figura yacente en el sillón verde bajo la luz de la


            lámpara. Mary se levantó.



            Clarke la miró a los ojos y sintió que se le oprimía


            el corazón.


              —¿Quién  es  esta  mujer?  —dijo  finalmente,  con


              voz ronca y firme.


              —Es la mujer con quien se casó Herbert.


              Clarke miró de nuevo el retrato; después de todo


            no se trataba de Mary. Ciertamente era el rostro de


            Mary, pero había algo más, algo que no había visto



            en  las  facciones  de  Mary  cuando  la  muchacha,


            vestida  de  blanco,  entró  en  el  laboratorio  con  el


            doctor,  ni  tampoco  en  su  terrible  despertar,  ni


            cuando yacía sonriente en el lecho. Sea cual fuere


            la causa —la mirada de aquellos ojos, la sonrisa de


            sus  gruesos  labios  o  la  expresión  de  todo  su


            semblante—, lo cierto es que Clarke se estremeció



            en  lo  más  íntimo  de  su  ser  y  recordó


            inconscientemente las palabras del Dr. Phillips «


            La  más  intensa  expresión  de  maldad  que  jamás

                                                                                                           61
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