Page 585 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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escena conocida no vi nada que justificara
ninguna atención especial; y se lo dije a Glanville
de una manera más o menos jocosa.
A manera de respuesta, me tocó en el hombro
con la yema de los dedos y dijo:
—Mire de nuevo.
Eso hice. Por un momento, mi corazón se
paralizó y respiré con dificultad. Ante mí, en
lugar de los edificios conocidos, aparecía un
panorama de fantástica y asombrosa belleza. En
profundas hondonadas, ocultas entre las ramas
de grandes árboles, prosperaban ciertas flores
que sólo pueden aparecer en sueños; de un color
púrpura tan subido que todavía parecían brillar
cual piedras preciosas con un resplandor oculto
pero omnipresente. Rosas cuyos colores
eclipsaban a cualquier otro que pueda verse en
nuestros jardines, altos lirios rebosantes de luz, y
capullos como el oro batido. Contemplé
sombreados paseos que descendían hasta las
verdes hondonadas bordeadas de tomillo; y aquí
y allá la herbácea eminencia de arriba, y el
burbujeante manantial de abajo, estaban
coronados por una arquitectura de fantástica e
insólita belleza, que parecía remitir al mismísimo
país de las hadas. Casi podría decir que mi alma
estaba embelesada con el espectáculo
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