Page 586 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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desplegado ante mí. Estaba poseído por un tipo
de éxtasis y deleite como nunca había
experimentado antes. Un sentimiento de
beatitud impregnaba todo mi ser; mi dicha era
tan grande que no podía expresarla con palabras.
Lancé un inarticulado grito de júbilo y de
admiración. Y entonces, bajo la influencia de una
súbita reacción de miedo, que incluso ahora no
puedo explicar, me alejé precipitadamente de la
habitación y de la casa, sin hacer ningún
comentario ni despedirme del extraordinario
hombre que había hecho yo no sabía bien qué.
Salí a la calle en medio de una gran inquietud y
confusión mental. Ni que decir tiene que no
había ningún indicio de la fantasmagoría que me
había sido mostrada. La familiar calle había
recuperado su aspecto usual, la terrace
permanecía como siempre la había visto, y más
allá los nuevos edificios, donde había visto
aquellas deliciosas hondonadas y aquellas
gloriosas flores, conservaban como antes su
pulcro aunque modesto orden. Donde yo había
visto valles escondidos entre el verde follaje,
ondeando suavemente al sol bajo la brisa estival,
no había ahora más que ramas peladas y
ennegrecidas, que a duras penas mostraban
algún brote. Como he mencionado, estábamos a
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