Page 600 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Arnold se aprovechó de una pausa retórica en la
narración. Hizo una seña al patrón, que estaba
reclinado sobre la barra, escuchando como los
demás. Hicieron nuevos pedidos, y cada
integrante del grupo solicitó un poquito de
ginebra, considerando que una bebida floja o
incluso amarga sería inadecuada al desenlace de
semejante historia. Entonces, con expresiones
corteses, bebieron a la salud de nuestro amigo
sentado junto al señor Reynolds. Y uno de ellos
dijo:
—Así es que le descubrió, ¿no?
—Creo —prosiguió el narrador— que pasó una
semana, más o menos, antes de que la señora
Wilson se diera cuenta de que pasaba algo raro.
Cuando le estaba retirando su servicio de té, él le
dijo:
» —Lo que me gusta de estas habitaciones suyas,
señora Wilson, es la asombrosa vista que ofrecen
desde las ventanas.
» Aquello fue suficiente para sobresaltarla. Todos
nosotros sabemos lo que se veía desde las ventanas
de Rodman’s Row: Fothergill Terrace, Chatham
Street y Canon’s Park; sin duda propiedades todas
ellas muy bonitas aunque nada del otro mundo,
como suelen decir los jóvenes. Así es que la señora
Wilson no sabía cómo tomarse aquello y pensó que
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