Page 604 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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revisaran. El hombre que le cogió el reloj sobre el
mostrador era el mismo que se lo había vendido en
Oriente años antes. Nunca se debe despreciar la
coincidencia, ni descartarla como solución
imposible. Sus posibilidades son infinitas.
Entonces Arnold contó el último, interrumpido e
incompleto capítulo de la historia.
—Después de aquella noche en el King of Jamaica
—comenzó—, me fui a casa y me puse a meditar.
Parecía no poder hacerse nada más. Sin embargo,
sentí que me gustaría echarle otra mirada a ese
singular parque, y fui allá una noche oscura.
Inmediatamente encontré a un joven que se había
extraviado y había perdido, según dijo, a la mujer
que vivía en la casa blanca de la colina. No voy a
hablarles de ella, ni de su casa o sus jardines
encantados. Pero estoy seguro de que el joven se
perdió también para siempre. Y, tras una pausa,
añadió:
[10]
—Creo que existe una perikhoresis , una
compenetración mutua.
Es posible, efectivamente, que nosotros tres
estemos ahora sentados entre rocas desiertas, junto
a corrientes glaciales.
—… Y, ¿con quién?
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