Page 599 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—Así fue. Ignoro cómo lo conseguiría, pues,
según decían, el manicomio estaba severamente
vigilado; pero consiguió salir trepando o reptando
de una forma u otra, una tarde a la hora del té, y se
fue caminando calle arriba tan silenciosamente
como puede usted imaginarse, y se alojó cerca de
aquí, en aquella hilera de casas de ladrillo rojo que
había donde ahora se alza el instituto laboral.
Recuerdo muy bien haber oído a la señora Wilson,
encargada del alojamiento —donde vivió hasta
muy anciana—, contarle a mi madre que nunca vio
un joven tan guapo y tan bien hablado como este
señor Vallance, como creo que se hacía llamar,
aunque, por supuesto, no era su verdadero
nombre. Este señor le contó a ella una historia
bastante convincente acerca de su llegada
procedente de Norwich y su obligación de ser muy
reservado a causa de sus estudios y cosas por el
estilo. Traía en una mano su bolsa de viaje y le dijo
que el equipaje de peso llegaría después,
pagándole una quincena por adelantado, como era
habitual. Desde luego, los empleados del doctor le
buscaron inmediatamente e hicieron indagaciones
en todas direcciones, pero a la señora Wilson de
momento no se le ocurrió pensar que este
silencioso y joven huésped fuese el loco
desaparecido. Es decir, no durante algún tiempo.
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