Page 602 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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no consiguió dormirse en toda la noche. A la
mañana siguiente, el caballero parecía bastante
calmado, pero la señora Wilson sabía que no era de
fiar, e inmediatamente después del desayuno se
fue a ver a sus vecinos y empezó a hacerles
preguntas. Entonces descubrió quién debía ser su
huésped, y avisó a la Himalaya House. Los
empleados del doctor se llevaron de nuevo al
joven. ¡Dios mío!, caballeros, son casi las diez en
punto.
La reunión se disolvió en medio de un cordial
bullicio. El anciano que había contado la historia
del loco fugado se había dado cuenta, al parecer,
de que Arnold prestaba mucha atención al relato.
Evidentemente se alegraba. Estrechó
afectuosamente la mano de Arnold, comentando:
—Como verá, señor, tengo razones para pensar
que fue aquel manicomio el causante de la mala
reputación de Canon’s Park en nuestro vecindario.
Y Arnold se puso en camino, de vuelta a Londres,
dándole vueltas en la cabeza muchas cosas. La
mayoría de ellas parecían muy confusas, pero él se
preguntaba si el huésped de la señora Wilson
estaría completamente loco; más loco que el señor
Hampole, o el granjero de Somerset, o Charles
Dickens, cuando vio aparecerse a su padre junto a
su lecho.
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