Page 606 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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de los cambios, confortados por la bebida, y luego


            acostarnos  tranquilizados  por  los  recuerdos  y  el



            tabaco,  así  como  por  el  arroyo  que  serpenteaba


            abajo en el prado entre los sombríos alisos. ¡Y no se


            veía  un  solo  bungalow  en  muchas  millas  a  la


            redonda! A veces, cuando el calor era abrasador,


            incluso en esta lozana tierra, y el viento procedente


            de las montañas al oeste dejaba de soplar, pasaba


            todo el día a la sombra sobre el césped, pero, más



            a menudo, iba al campo y recorría los caminos que


            me  eran  familiares,  tratando  de  descubrir  otros


            nuevos en este feliz y desconcertante país. Vagaba


            por valles desconocidos y, a través de profundos y


            angostos  senderos  bordeados  de  setos,  todavía


            más estrechos, supongo, que los viejos caminos de


            herradura, trepaba disimuladamente sin dirigirme


            obviamente a ningún lugar en particular.


              El día en que me aventuré a emprender semejante



            expedición  el  viento  era  muy  frío.  Era  un  «  día


            encapotado» . No había nubes en el cielo, pero una


            espesa y luminosa niebla grisácea lo cubría todo.


            Por un momento parecía que el sol iba a brillar,


            dejando ver el azul del cielo; entonces, los árboles


            del  bosque  parecían  florecer  y  los  prados


            iluminarse;  pero  de  nuevo  la  cargazón  lo  cubría



            todo.  Me  impresionó  el  pedregoso  camino  que


            subía desde la parte posterior de la casa hasta lo

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