Page 607 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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alto de la colina. Hacía muchos años que lo había
recorrido por última vez, una tarde invernal en que
las roderas estaban endurecidas por la helada, en
los lugares altos los sombríos pinos sobresalían por
encima de la nieve, y el sol estaba inflamado y
todavía lucía por encima de la montaña. Recordé
que el camino me había resultado bastante
laborioso, con recodos a diestro y siniestro, y
declives inesperados, seguidos de subidas a
helechales y otros lugares espinosos que
perturbaban la quietud de la noche invernal, y que
volví a casa de mala gana. Entonces aproveché la
oportunidad que me brindaba el día veraniego y
resolví de alguna forma terminar con el asunto.
Pensé que habría sobrepasado el lugar en donde
me detuve la otra vez, y retrocedí mientras la fría
oscuridad y las resplandecientes estrellas se
abalanzaban sobre mí. Recordé la inclinación del
seto desde el que contemplé el redondo túmulo en
lo alto de la barrera montañosa; en la ladera había
una granja blanca, cuya granjera todavía llamaba a
su perro con voz aguda y débil a lo lejos, como
antes lo había hecho él o su padre. A partir de ahí,
creí encontrarme en un país desconocido; los
fresnos se apiñaban a ambos lados del camino y
confluían por encima de él: proseguí mi camino
hacia lo desconocido a la manera de las únicas
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