Page 80 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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con que urdir sus evocadores artículos. Por la


            mañana, en la mayoría de los hogares, el



            periódico era desplegado con una sensación de


            temor; nadie sabía cuándo ni dónde sería


            asestado el próximo golpe.


              Poco después del último de esos terribles sucesos,


            Austin fue a ver al señor Villiers. Sentía curiosidad


            por  saber  si  había  conseguido  encontrar  alguna


            nueva pista relacionada con la señora Herbert, bien



            a través de Clarke o por otros medios, y en cuanto


            se sentaron se lo preguntó.


              —No —contestó Villiers—. Escribí a Clarke, pero


            se  mantiene  inflexible  y,  aunque  probé  otros


            conductos,  no  tuve  éxito.  No  consigo  averiguar


            qué fue de Helen Vaughan después de abandonar


            Paul  Street,  aunque  supongo  que  se  iría  al


            extranjero. A decir verdad, Austin, en estas últimas


            semanas no he prestado mucha atención al asunto;



            conocía íntimamente al pobre Herries y su terrible


            muerte  ha  sido  para  mí  un  golpe  muy  duro,


            extremadamente duro.


              —Lo creo —replicó Austin con solemnidad—. Ya


            sabe usted que Argentine era amigo mío. Si mal no


            recuerdo,  estuvimos  hablando  de  él  el  día  que



            usted vino a mi casa.









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