Page 115 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Hasta el 539 no se retomaría la guerra con Babilonia y se
anexionaría Mesopotamia. Y entonces Ciro tendría otro
periodo de paz, hasta que los hombres salvajes se hiciesen
demasiado fuertes más allá del mar de Aral y el rey
cabalgase contra ellos y hacia su muerte.
Manse Everard entró en Pasargada como a una
primavera de esperanza.
Aunque no era como si cualquier época real se
mereciese esa metáfora. Cabalgó millas. Los campesinos
se inclinaban con hoces, cargando quejumbrosos carros
de bueyes, y el polvo saltaba de los campos a sus ojos.
Niños andrajosos se chupaban el pulgar en el exterior de
chozas de barro sin ventanas y lo miraban. Un pollo chilló
de un lado a otro por el camino hasta que el mensajero
real al galope que le había asustado estuvo muy lejos y el
pollo muerto. Un escuadrón de lanceros llevaba un
uniforme muy pintoresco, pantalones anchos y corazas
con incrustaciones, cascos con puntas o flechas, capotes a
rayas alegres; pero los hombres estaban sucios, sudorosos
e intercambiaban chistes verdes. Tras los muros de adobe,
los aristócratas vivían en grandes casas con hermosos
jardines, pero una economía como aquella no podía
soportar demasiadas mansiones. Pasargada era en un
noventa por ciento una ciudad oriental de calles
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