Page 118 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
P. 118

de pie todavía no se había inventado. Se pusieron en pie

           y prepararon flechas, cautelosos, al aproximarse Everard.


           Podría simplemente haber atravesado la plaza, pero viró

           y saludó a un hombre que parecía un capitán.



                 —Saludos, señor, que el sol os ilumine con su brillo.

           —El persa que había aprendido en una hora bajo hipnosis


           fluía de su lengua con facilidad—. Busco hospitalidad de

           algún  gran  hombre  que  podría  desear  escuchar  mis

           pobres historias de viajes por tierras extranjeras.



                 —Que  vuestros  días  sean  muchos  —respondió  el


           guardia.  Everard  recordó  que  no  debía  ofrecer  una

           gratificación; aquellos persas del propio clan de Ciro eran

           duros  y  orgullosos,  cazadores,  pastores  y  guerreros.

           Todos  hablaban  con  la  amabilidad  digna  que  era  tan


           común en la historia para los de su clase—. Sirvo a Creso

           de Lidia, sirviente del Gran Rey. No le negaría su techo

           a…



                 —Meandro  de  Atenas  —le  indicó  Everard.  Era  un


           alias que explicaría su amplitud ósea, la piel clara y el

           pelo  corto.  Pero  se  había  visto  obligado  a  pegarse  a  la

           barbilla un efecto realista estilo Van Dyke. Heródoto no

           era el primer griego trotamundos, así que un ateniense no


           tendría el inconveniente de estar muy fuera de lugar. Al

           mismo  tiempo,  medio  siglo  antes  de  la  batalla  de

                                                                                                         118
   113   114   115   116   117   118   119   120   121   122   123