Page 117 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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una patada, y el muchacho sonrió sin vergüenza. El
hombre esperaba evitar alojarse en una fonda; los persas
eran más limpios que la mayor parte de la gente de la
época, pero seguía habiendo insectos.
Intentó no sentirse indefenso. Normalmente un
patrullero podía guardarse un as en la manga: digamos
una pistola aturdidora del siglo XXX bajo el abrigo y una
miniradio para llamar a su lado al oculto saltador
espaciotemporal de antigravedad. Pero no cuando cabía
la posibilidad de que lo registraran. Everard vestía un
atuendo griego: túnica y sandalias y una capa larga de
lana, espada al cinto, casco y escudo colgados de la grupa
del caballo, y eso era todo; sólo el acero era anacrónico.
No podía acudir a ninguna oficina local si se metía en líos,
porque esa época de transición, relativamente pobre y
turbulenta, no atraía comercio temporal; la unidad más
próxima de la Patrulla se encontraba en el cuartel general
del entorno, en Persépolis, una generación en el futuro.
Las calles se ensancharon a medida que avanzaba, los
bazares empezaron a escasear y las casas se hicieron
mayores. Al fin llegó a una plaza rodeada de cuatro
mansiones. Los árboles podados sobresalían de los muros
exteriores. Los guardias, jóvenes ágiles escasamente
armados, esperaban acuclillados, porque hacer la guardia
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