Page 120 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Después de la puesta de sol empezó a hacer algo de
frío. Encendieron las lámparas con mucha ceremonia,
puesto que el fuego era sagrado, y animaron los braseros.
Un esclavo se postró para anunciar que la cena estaba
servida. Everard lo acompañó por un largo pasillo en el
que vigorosos murales mostraban el Sol y el toro de
Mitra, pasaron al lado de un par de lanceros y entraron
en una cámara pequeña e iluminada con profusión, de
ambiente endulzado por el incienso y cubierta de
alfombras. Había dos divanes dispuestos según la
costumbre helena frente a una mesa cubierta con platos
no helénicos de plata y oro; los esclavos servían detrás y
una música que parecía china sonaba procedente de una
puerta interior.
Creso de Lidia asintió con cortesía. En otro tiempo
había sido guapo, de rasgos regulares, pero había
envejecido bastante en los pocos años en que su riqueza
y poder eran proverbiales. De barba gris y pelo largo,
vestía la clámide griega, pero se había maquillado al
estilo persa.
—Regocíjate, Meandro de Atenas —dijo en griego, y
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