Page 234 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Cuando bajó el arma, el aire parecía rígido. Miró los

           gruesos cuerpos de piernas torcidas, los rostros redondos


           y bajo control; los olía con intensidad sobrenatural: el olor

           limpio  de  sudor,  caballo  y  humo.  Se  sentía  como  el

           inhumano que ellos debían ver.



                 —Ésta es la menor de las armas que se usan aquí —


           dijo—. Un alma tan arrancada del cuerpo no encontraría

           el camino a casa.



                 Se  dio  la  vuelta.  Sandoval  lo  siguió.  Sus  caballos

           estaban fuera, con las cosas apiladas a un lado. Ensillaron,


           sin hablar, montaron y se internaron en el bosque.













































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