Page 254 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Toktai llegó al campamento antes del amanecer. Los
primeros rayos del sol le mostraron a sus tropas
moviéndose entre cadáveres esparcidos por un amplio
valle. La tierra estaba haciéndose cada vez más llana y
árida, las montañas, a la derecha, eran cada vez más
lejanas y los escasos picos visibles fantasmales sobre el
cielo pálido.
Los pequeños y duros caballos mongoles trotaban al
frente; golpeteo de cascos, chirriar de arreos. Mirando
hacia atrás, Everard vio la fila como una masa compacta;
las lanzas subían y bajaban, debajo de ellas se agitaban
estandartes, plumas y capas, y aún por debajo estaban los
cascos sobre caras oscuras de ojos rasgados y unos petos
grotescamente pintados, visibles aquí y allá. Nadie
hablaba, y no podía leer los rostros.
Sentía la mente embotada. Le habían dejado las
manos libres, pero le habían atado los talones a los
estribos y las cuerdas le cortaban. También le habían
desnudado —una precaución razonable, ¿quién sabe que
instrumentos podía ocultar entre la ropa?— y el traje
mongol que le habían dado a cambio de su ropa era
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