Page 384 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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daba a una avenida concurrida; allí no se apoyaba
ninguna tienda en las altas y calientes paredes, y había un
poco de gente. Capitanes y armadores que venían a
buscar suministros, mercaderes que venían a negociar, y,
sí, dos monolitos flanqueaban la entrada de un pequeño
templo dedicado a Tanith, Nuestra Señora de las Olas.
Varios niños pequeños que debían de pertenecer a
familias residentes —chicos y chicas juntos, desnudos por
completo o casi— corrían jugando mientras ladraba un
demacrado perro callejero.
Había un mendigo sentado, con las rodillas alzadas,
a la sombra de la boca de un callejón. Tenía el cuenco
entre los pies desnudos. Un caftán le cubría el cuerpo y
una capucha le oscurecía el rostro. Everard vio el trozo de
tela atado sobre los ojos. Pobre diablo ciego; la oftalmía
era una de las incontables maldiciones que hacían que,
después de todo, el mundo antiguo no fuese tan
atractivo… Pummairam dejó atrás al hombre para
alcanzar a un sacerdote que abandonaba el templo.
—Vuestra reverencia, si pudieseis ayudarme —
gritó—, ¿cuál es la puerta de Zakarbaal el sidonio? Mi
amo condesciende a visitarlo… —Everard, que ya
conocía la respuesta, apretó el paso para alcanzarlo.
El mendigo se puso en pie. Con la mano izquierda se
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