Page 379 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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mensajero de su padre, su supuesto padre, que es dueño
de la taberna La Marca del Calamar Azul. Allí tendría
suerte si le sirviesen de cena un trozo de rabo de cabra
podrido, la única moza es un nido de enfermedades, los
jergones se sostienen sólo porque las chinches se dan la
mano y, en cuanto al vino, con un poco de benevolencia
diría que es vinagre. Pronto estaría demasiado enfermo
para notar cómo el biznieto de mil hienas le roba o el
equipaje, y si se queja, jurarán por todos los dioses del
universo que lo perdió todo en el juego. Poco teme ése al
infierno después de este mundo se libre de él; sabe que
nunca se rebajarían dejándolo entrar. De eso le he
salvado, gran señor.
Everard se encontró esbozando una sonrisa.
—Bien, hijo, podría ser que estuvieses exagerando un
poquito —dijo.
El chico se golpeó en el delgado pecho.
—No más de lo necesario para darle a su
magnificencia la idea correcta. Está claro que es usted un
hombre de gran experiencia, juez de lo mejor, así como
dispuesto a recompensar con generosidad el leal servicio.
Venga, déjeme acompañarlo a un alojamiento o a lo que
pueda desear, y luego juzgue usted mismo si
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