Page 385 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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quitó el vendaje para dejar al descubierto un rostro
delgado con una espesa barba y un par de ojos que
seguramente habían estado vigilándole por entre el trapo.
De las amplias mangas, la mano derecha sacó algo que
relucía.
¡Una pistola!
Everard se apartó instintivamente. El dolor le golpeó
el hombro izquierdo. Una pistola sónica, comprendió, del
futuro de su propia era, silenciosa, sin retroceso. Si el rayo
invisible le daba en la cabeza o el corazón estaría muerto,
y sin ninguna marca.
No podía hacer otra cosa que avanzar.
—Aaaah —rugió, y se lanzó en zigzag al ataque, la
espada por delante.
El otro sonrió, retrocedió, apuntó con cuidado.
Sonó un golpe. El asesino se dobló, gritó, dejó caer el
arma y se agarró las costillas. La piedra de Pummairam
golpeó el pavimento.
Los niños se dispersaron gritando. El sacerdote, con
toda prudencia, volvió a atravesar las puertas del templo.
El extraño se dio la vuelta y corrió. Se perdió en la calle.
Everard se encontraba demasiado torpe. La herida no era
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