Page 381 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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En realidad, no era difícil orientarse. Como ciudad
planificada, en lugar de haber crecido de forma orgánica
durante siglos, Tiro estaba distribuida más o menos como
una red. Las vías públicas estaban pavimentadas,
disponían de alcantarillado y eran razonablemente
amplias dada la escasez de suelo de la isla. No tenían
aceras, pero eso no importaba, porque exceptuando unas
cuantas rutas de transporte, no se permitía que las bestias
de carga las recorriesen fuera de la zona de los muelles;
ni tampoco la gente tiraba nada en las vías públicas. La
rotulación y los indicadores también faltaban, claro, pero
eso tampoco importaba, ya que casi cualquiera se sentiría
feliz de dar indicaciones sólo por intercambiar unas
palabras con un extranjero o tener la oportunidad de
proponer un negocio.
Las paredes se levantaban a izquierda y derecha, casi
sin ventanas, cercando las casas interiores en un esquema
que prevalecería durante milenios en los países
mediterráneos. Frenaban la brisa y reflejaban el calor de]
sol y los sonidos, y entre ellas se movían olores intensos.
Pero Everard disfrutaba del lugar. Todavía más que en el
puerto, la multitud se movía, se empujaba, hacía gestos,
reía la gente, hablaba como una ametralladora, cantaba,
gritaba. Los mozos bajo sus cargas, los porteadores de
literas llevaban de vez en cuando a algún ciudadano rico
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