Page 387 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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recuperó la compostura—. Me pareció que un mendigo,
aunque no lo era, amenazaba la vida de mi amo con un
talismán cuya magia causaba daño. ¡Qué los dioses
arrojen abominaciones sobre la cabeza de aquel que
hubiese extinguido la luz del universo! Sin embargo, y
naturalmente, la maldad no prevaleció sobre el valor de
mi amo… —la voz pasó a un susurro confidencial—
cuyos secretos están protegidos con toda seguridad en
fondo de este leal sirviente.
—Bien —gruñó Everard—. Claro, y estos son asuntos
sobre los que una persona normal no se atreve a hablar,
no sea que llegue a sufrir parálisis, sordera y
hemorroides. Has hecho bien, Pum. —Probablemente me
hayas salvado la vida, pensó, y se agachó para abrir el
cordón de una bolsa caída—. Aquí tienes, una pequeña
recompensa, pero con este lingote deberías comprarte
algo que te guste. Y ahora… Antes que comenzase el jaleo
descubriste la casa que busco, ¿no?
Sobre el asunto del momento, el dolor que se
desvanecía y el impacto del asalto se elevaban la alegría
de sobrevivir y lo sombrío también. Después de todas sus
precauciones, a una hora de su llegada se había quedado
sin tapadera. El enemigo no sólo vigilaba el cuartel
general de la Patrulla, sino que, de alguna forma, su
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