Page 429 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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—No conozco vuestro nombre o país, señor —dijo en

           voz baja y tono firme—. ¿Se lo diréis a vuestra criada?




                 —Claro —le dio su alias—. ¿Y tú eres Sarai de Rasil

           Ayin?



                 —¿El muchacho mendigo os envió a mí? —inclinó la

           cabeza—. Perdonadme, no quería ser insolente, no pensé.



                 Él se aventuró a apartarle el pañuelo y acariciarle el


           pelo.  Aunque  áspero,  era  abundante,  su  mejor

           característica física.



                 —No  me  has  ofendido.  Bien,  aquí  estamos,  ¿nos

           conocemos un poco mejor? ¿Qué te parecería tomar un

           par de vasos de vino antes de…? Bien, ¿qué te parecería?



                 Ella  estaba  boquiabierta,  asombrada.  Él  salió,


           encontró al posadero y consiguió lo que necesitaba.



                 En  poco  tiempo,  mientras  estaban  sentados  en  el

           suelo uno al lado del otro con el brazo de Everard sobre

           su hombro, ella hablaba con mayor libertad. Los fenicios


           no  tenían  una  idea  demasiado  clara  de  la  intimidad

           personal.  Además,  aunque  sus  mujeres  disfrutaban  de

           mayor respeto e independencia que en la mayoría de las

           sociedades,  un  poco  de  consideración  por  parte  de  un


           hombre conseguía mucho.


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