Page 426 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Pum entró con rapidez. Everard con lo que esperaba
fuese más dignidad. Sus compañeros de charla le
lanzaron buenos deseos sexuales. Eso era parte de la
ceremonia, la magia.
La cámara era grande, la oscuridad no muy aliviada
por las lámparas de aceite. Destacaban murales
intrincados, hojas doradas, recuadros de piedras
semipreciosas. Al fondo relucía una imagen dorada de la
diosa, los brazos extendidos en una compasión que de
forma extraña se destacaba en la cruda escultura. Everard
percibió las fragancias, mirra y sándalo, y murmullo de
crujidos y susurros.
Al dilatarse sus pupilas, distinguió a las mujeres.
Quizá un centenar en total, sentadas en taburetes,
ocupando las paredes de izquierda a derecha. Las ropas
variaban desde telas delicadas hasta lana deshilachada.
Algunas estaban hundidas, otras miraban al vacío,
algunas realizaban gestos de invitación todo lo atrevido
que permitían las reglas, la mayoría miraban tímidas y
pensativas a los hombres que pasaban. Los visitantes eran
pocos a esa hora de un día normal. Everard creyó
identificar tres o cuatro marineros de permiso, un
mercader gordo, un par de jóvenes. Su comportamiento
era razonablemente amable; aquello era una iglesia.
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