Page 428 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Perplejo,  Everard  siguió  a  su  guía.  Cuando  se

           detuvieron  tuvo  que  tragar  aire.  La  mujer  que,  en  voz


           baja, respondió al saludo de Pum, era rechoncha, de nariz

           grande  —decidió  considerarla  fea—  y  al  borde  de  la

           soltería. Pero la mirada que dirigió al patrullero era alegre


           y  segura.  —¿Desearíais  liberarme?  —preguntó  en  voz

           baja—. Rezaría por vos durante el resto de mi vida.



                 Antes  de  poder  cambiar  de  idea,  arrojó  la  señal  al

           regazo de su falda.



                 Pum se encontró una belleza, llegada ese mismo día


           y  comprometida  con  un  vástago  de  una  familia

           importante. Se sintió consternada de semejante pilluelo la

           hubiese escogido. Bien, eso era problema de ella, quizá de

           él también, aunque Everard lo dudaba.



                 Las  habitaciones  en  la  posada  de  Hanno  eran


           diminutas, equipadas con jergones de paja y poco más.

           Las  delgadas  ventanas,  que  daban  al  patio  interior,

           dejaban entrar algo de la luz de la tarde, también el humo,


           los olores de la calle y los pollos, las conversaciones, la

           triste melodía de una flauta de hueso. Everard retiró la

           cortina  de  caña  que  servía  de  puerta  y  se  dirigió  a  su

           acompañante.  Ella  se  arrodilló  ante  él  como  si  se


           acurrucase dentro del vestido.




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