Page 425 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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hundido  por  debajo  del  techo  del  porche.  Recordó  la

           advertencia de Yael Zorach y se aclaró la garganta.




                 —Oh, como lo lamento, amigo, pero el tiempo pasa y

           debo irme pronto. Si fuésemos los primeros en presentar

           respetos…



                 Pum se alegró. El sacerdote rió.



                 —Sí —dijo—, después de tan largo viaje el fuego de


           Asherat debe de arder con fuerza. Bien, la donación por

           voluntad propia es de medio shekel de plata o su valor en

           mercancía. Claro está, hombres de posibles y posición son

           dados a dar más.



                 Everard  pagó  con  un  generoso  trozo  de  metal.  El


           sacerdote repitió su bendición y le dio a él y a Pum un

           pequeño  disco  de  marfil,  con  un  grabado  bastante

           explícito.



                 —Entrad, hijos, buscad quien os vaya bien, echad esto

           en  su  regazo.  Ah…  ¿comprendéis,  gran  Eborix,  que


           debéis sacar a vuestra elegida de los recintos sagrados?

           Mañana ella devolverá la señal y recibirá su bendición. Si

           no tenéis lugar propio para pasar la noche, entonces mi


           compatriota Hanno alquila habitaciones limpias por un

           buen precio, en su posada en la calle de los Alcahuetes.




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