Page 533 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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los cuchillos se encendieron como antorchas. Las mujeres

           empezaron a rugir con los hombres.




                 —Hail! Hail! Hail!



                 La puerta se abrió.



                 La noche llegaba rápido en otoño, por lo que el recién

           llegado  permanecía  de  pie  en  la  oscuridad.  El  viento

           agitaba los bordes de su manto, levantaba hojas muertas,


           silbaba y enfriaba la habitación. Todos se volvieron para

           ver  quién  había  llegado,  tomaron  aliento,  e  incluso

           aquellos que habían estado sentados se pusieron en pie.

           Era el Errante.



                 Era más alto que ellos y sostenía la lanza más como


           un  bastón  que  como  un  arma,  como  si  no  tuviese

           necesidad del hierro. Un sombrero de ala ancha le cubría

           el rostro, pero no el pelo gris como el de un lobo ni la


           barba, no el brillo de sus ojos. Pocos de ellos le habían

           visto alguna vez, pocos habían estado presentes cuando

           hacía  sus  apariciones;  pero  todos  reconocían  al

           antepasado de los jefes tervingos.



                 Ulrica fue la primera en recuperarse.



                 —Saludos,  Errante,  y  bienvenido  —dijo—.  Honráis


           nuestro techo. Venid, ocupad la silla alta y os traeremos


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