Page 538 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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brisa que me daba su beso frío. Los coches eran pocos y

           no hacían sino añadir al aire cierto aroma, superado por


           el olor de los carritos de castañas que empezaban a surgir

           del letargo. Fui por la Quinta Avenida y dejé atrás tiendas

           llenas de encanto, algunas de las mujeres más hermosas


           del mundo y gente de toda la rica diversidad de nuestro

           planeta.



                 Mi  esperanza  era  que  yendo  a  casa  a  pie  pudiese

           quemar  parte  de  la  tensión  y  la  tristeza  que  me

           embargaban. La ciudad no sólo podía estimular, también


           podía  curar,  ¿no?  Allí  es  donde  Laurie  y  yo  habíamos

           decidido vivir, cuando nos podíamos haber establecido

           en cualquier lugar del pasado o el futuro.



                 No, no era del todo correcto. Como la mayoría de las


           parejas, queríamos un nido en un lugar razonablemente

           familiar,  donde  no  tuviésemos  que  aprenderlo  todo

           desde el principio y mantenernos siempre en guardia. Los

           años  treinta  eran  un  entorno  maravilloso  si  eras  un


           americano  blanco,  con  buena  salud  y  dinero.  Las

           comodidades que faltaban, como el aire acondicionado,

           podían instalarse sin llamar la atención y si no las usabas


           nunca cuando había visitas que no debían saber que los

           viajeros  en  el  tiempo  existían.  Cierto,  la  banda  de  los

           Roosevelt  estaba  al  mando,  y  la  conversión  de  la



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