Page 536 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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1935
No me cambié de ropa hasta que mi vehículo me llevó
por el espacio‐tiempo. Entonces, en la base de la Patrulla
camuflada como almacén, me quité la ropa del valle del
Dniéper, finales del siglo IV, y me puse la de Estados
Unidos, mediados del siglo XX.
La forma básica, camisas y pantalones para los
hombres, vestidos para las mujeres, era la misma. Las
diferencias en los detalles eran incontables. A pesar de la
tela basta, el traje godo era más cómodo que una chaqueta
y corbata. Lo guardé en la caja de mi saltador, junto con
dispositivos especiales como el pequeño aparato que usé
para escuchar, desde el exterior, lo que sucedía en el salón
del pez gordo tervingo. Como la lanza no cabía, la dejé
atada a un lateral de la máquina. No iba a ir a ninguno
sitio más que al entorno al que pertenecía aquel arma.
El agente de guardia de ese día rondaba los veinte
años —joven para los tiempos modernos; en la mayor
parte de las épocas ya hubiese sido un hombre situado y
con familia— y yo lo desconcertaba un tanto. Cierto, mi
situación como miembro de la Patrulla del Tiempo era un
tecnicismo, como en su caso. Yo no participaba en la
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