Page 60 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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fecha posterior, cuando el asunto se haya calmado.
Digamos mañana por la mañana.
Whitcomb asintió, y Everard hizo descender el
saltador hasta esconderlo entre la espesura y lo hizo saltar
cinco horas. El sol brillaba cegador en el noreste, el rocío
relucía en la hierba crecida y los pájaros producían un
estruendo terrible. Después de desmontar, los agentes
enviaron el saltador a una fantástica velocidad, para que
flotase a quince kilómetros del suelo y volviese por ellos
cuando lo llamasen con una radio en miniatura que
llevaban en los cascos.
Se acercaron abiertamente al caserío, alejando a los
perros de aspecto salvaje que se les acercaron usando la
espada y el hacha. Al entrar en el patio, se encontraron
con que no estaba pavimentado, sino profusamente
cubierto de barro y estiércol. Una par de niños desnudos
se asustaron al verlos desde una choza de tierra y zarzo.
Una muchacha que estaba sentada en el exterior
ordeñando una vaca raquítica dejó escapar un gritito; un
peón ancho de hombros y de frente estrecha apartó los
cerdos para coger una lanza. Arrugando la nariz, Everard
deseó que algunos de los entusiastas «Nobles Nórdicos»
de su siglo pudiesen visitar aquel otro.
En la entrada de la casa común apareció un hombre
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