Page 688 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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para venir conmigo. Dejadle.
Eso lo consintieron, y Alawin enloqueció de alegría.
Viéndole dar volteretas por el suelo, el Errante agitó la
cabeza y murmuró:
—Cómo se parece a Jorith. Pero claro, desciende de
ella por ambas partes. —Con brusquedad, le dijo a
Hathawulf—: ¿Cómo os lleváis, él, Solbern y tú?
—Muy bien —dijo el jefe guerrero, tomado por
sorpresa—. Es un buen chico.
—¿Nunca os peleáis con él?
—Oh, no más de lo que de vez en cuando obliga su
imprudencia. —Hathawulf se acarició su joven barba
sedosa—. Sí, nuestra madre no le aprecia. Siempre ha sido
muy rencorosa. Pero a pesar de lo que digan algunos
tontos, no domina a sus hijos. Si su consejo nos parece
sabio, lo seguirnos. Si no, pues no.
—Aferraos al amor que sentís entre vosotros —
pareció pedir el Errante, más que aconsejar u ordenar—.
Algo muy raro en este mundo.
Cumpliendo su promesa, volvió en primavera.
Hathawulf le había preparado vestimenta adecuada a
Alawin, caballos, un séquito y oro y pieles para
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