Page 991 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Lanzó la lanza pero falló. El venado no emprendió la
huida. Permanecía frente a él, una silueta oscura entre las
sombras. Gutherius tensó el arco, colocó una flecha y
disparó. Al oír la cuerda, el animal huyó, pero no más
rápido de lo que podía correr un hombre, y Gutherius no
vio la flecha por ninguna parte. Pensó que quizá hubiese
acertado y podría perseguir la presa herida. Recuperó la
lanza y emprendió la persecución.
La carrera fue larga y se internó cada vez más en la
espesura. El venado blanco permanecía siempre a la vista.
De alguna forma, Gutherius no se cansaba, nunca le
fallaba el aliento y corrían sin cesar. Estaba borracho de
correr, ajeno a sí mismo, todo olvidado salvo la caza.
El sol se hundió. El crepúsculo lo llenó todo. Al fallar
la luz, el venado ganó velocidad y se desvaneció. El
viento resonaba por entre los árboles. Gutherius se
detuvo, superado por el cansancio, el hambre y la sed. Vio
que estaba perdido.
«¿Realmente me maldijo la vieja bruja?», se preguntó.
Sentía un miedo intenso, más frío que la noche que se
acercaba. Extendió la manta que llevaba y yació despierto
toda la noche.
Al día siguiente dio vueltas sin encontrar nada que
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