Page 110 - Un caso de conciencia -James Blish
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avanzadilla de toda una federación planetaria como la


             nuestra? Cuando llegue este día, y llegará, tenlo por

             seguro, estaremos muy satisfechos de poder emplastar


             al  enemigo  con  bombas  de  fusión  y  de  liquidar  el

             asunto con la pérdida del menor número posible de

             vidas.


               - En nuestro bando ‐ añadió Ruiz‐Sánchez.

               - ¿Es que hay algún otro?

               - ¡Por  Dios!  A  mí  me  parece  un  argumento


             convincente ‐ dijo Agronski ‐. ¿Qué opinas tú, Mike?


             -  Todavía no lo sé ‐ respondió Michelis ‐. Paul, aún

             no acabo de entender el porqué de tanto secreto. Has

             expuesto tus planes con suficiente claridad, lo cual


             tiene sus méritos,  pero admites que pretendías

             llevarnos a tu punto de vista con triquiñuelas. ¿Por

             qué?


             ¿Acaso no tenías confianza en la fuerza de tus

             argumentos?


               - No ‐  contestó  Cleaver  con  brusquedad ‐.  Es  la

             primera vez que formo parte de un grupo como éste,

             en el que no hay un jefe de expedición con atribuciones


             concretas, en el que no habría forma de resolver una

             discrepancia  de  opiniones  y  en  el  que  la  voz  de  un


             hombre  con  la  cabeza  llena  de  beaterías,  fútiles

             distinciones morales y una metafísica de hace tres mil

             años tiene el mismo peso que la de un científico.



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