Page 205 - Un caso de conciencia -James Blish
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hecho consumado. Los visitantes tardarían menos de


             una hora en examinar a Egtverchi, y entonces...

               Y  entonces,  Ruiz‐Sánchez  se  quedaría  sin  aliados.


             Dios  parecía  empeñado  en  privarle  de  todos  sus

             recursos y en conducirle ante la Sacra Puerta sin bagaje

             espiritual alguno, sin los lenitivos de que gozara Job,


             ni siquiera abrumado por el pesado fardo de la fe.

               Porque no había duda de que Egtverchi recibiría el

             visto  bueno  del  comité  y  probablemente  gozaría  de


             más  predicamento  como  ciudadano  que  el  propio

             Ruiz‐ Sánchez.






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               La presentación en sociedad de Egtverchi iba a tener


             por marco la mansión subterránea de Lucien, conde de

             Bois dʹAveroigne, circunstancia que venia a complicar

             la  ya  agitada  existencia  de  Aristide,  el  maestro  de


             festejos de la condesa. En circunstancias normales, una

             reunión social como aquélla no hubiera ocasionado a

             Aristide más problemas que los meramente técnicos,


             con los que estaba ya muy familiarizado y con ocasión

             de  los  cuales  el  personal  desarrollaba  su  labor  al

             frenético  ritmo  que  Aristide  consideraba  el  máximo


             exponente  de  la  eficiencia  Pero  que  se  le  pidiera,



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