Page 206 - Un caso de conciencia -James Blish
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además, proveer lo necesario para recrear a un
monstruo de tres metros de altura era una afrenta a su
conciencia a la vez que a su arte profesional.
Aristide, nacido Michel di Giovanni en los bárbaros
tiempos en que el campesino de Sicilia vivía en la
superficie, era un dramaturgo que conocía a la
perfección la complejidad del escenario en el que debía
actuar. La mansión neoyorquina del conde se hallaba
excavada a diversos niveles de profundidad. La parte
en que se daba acogida a los invitados sobresalía la
altura de un piso por encima de Manhattan, como si la
soterrada mansión emergiera de un periodo de
hibernación o no se hubiera excavado lo suficiente para
encastrar toda la fábrica de la residencia en el subsuelo.
En otros tiempos, la estructura había sido una cochera
de tranvías, según descubrió Aristide: una lúgubre y
maciza construcción de ladrillos rojos levantada en
1887, cuando los tranvías eléctricos eran la mayor y
más esperanzadora novedad cara al entramado
circulatorio de la ciudad. Las vías y las grapas tiradoras
de cable seguían allí, en el pavimento de asfalto,
cubiertas de moho, pues el acero tarda unos dos siglos
en oxidarse de manera apreciable. En el centro del ala
que sobresalía al exterior había un vetusto y enorme
ascensor que descendía por un pozo de trenzado
metálico y que antaño fuera utilizado para bajar los
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