Page 211 - Un caso de conciencia -James Blish
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plantas del subsuelo, pese a que eran invitados de
excepción, inmediatamente después del dichoso
reptiloide. Aristide sabia con la certeza de lo fatal que
la situación podía hacerse explosiva, porque el litino
llevaba ya más de una hora de retraso y la condesa
había hecho participes a los invitados y al propio
Aristide que el extraño ser era el huésped de honor.
Podía afirmarse que bastante más de la mitad de los
concurrentes a la fiesta habían acudido para verle.
En aquellos instantes no había en la sala más
personas que un miembro de las Naciones Unidas con
un curioso tocado ‐una especie de casco protector
provistos con una especie de transceptores y otros
insólitos artilugios, incluyendo unas gafas de
esquiador que en un momento dado se recubrían con
una telepantalla miniatura tridimensional‐, y un tal
doctor Martin Agronski al que Aristide no lograba
traer a la memoria y al que miraba con la intensa
suspicacia que solía reservar para aquellos cuyas
debilidades desconocía. El semblante de Agronski
poseía la misma quisquillosa expresión que el del
príncipe de East Orange; pero era hombre de mayor
edad y posiblemente no se encontraba allí por las
mismas razones. Tenía algo que ver con el invitado de
honor, lo que desazonaba al maestro de festejos de la
condesa. El doctor Agronski parecía conocer al doctor
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