Page 212 - Un caso de conciencia -James Blish
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Michelis,  pero  por  alguna  oscura  razón  esquivaba


             siempre su presencia. Permanecía la mayor parte del

             tiempo  junto  a  uno  de  los  ponches  más  fuertes


             preparados  por  Aristide,  poseído  de  la  triste

             determinación del que no está acostumbrado a beber y

             cree  poder  mejorar  de  talante  empozoñando  su


             timidez. ¿Quizás una mujer...?

               Aristide hizo un escueto movimiento con el dedo y

             su ayudante emergió sigilosamente por detrás de las


             guirnaldas de flores que colgaban del techo, que sorteó

             mediante  una  inclinación  del  cuerpo  hacia  delante,

             realizada  con  la  veteranía  del  que  ha  practicado


             repetidas veces la operación. Silenciando aún más sus

             movimientos con una breve demora, que dio tiempo al


             carrilete a detenerse en la plataforma, acercó el oído a

             los labios de Aristide entre el chirriar de los frenos.

               -  ¿Ves aquel tipo de allá? ‐ dijo Aristide, señalando al


             individuo en cuestión con la punta de un hueso pélvico

             ‐.  De  aquí  a  media  hora  estará  como  una  cuba.


             Llévatelo  antes  de  que  se  desplome,  pero  no  lo

             conduzcas al exterior, ya que la condesa tal vez quiera

             verle más tarde. Lo mejor será que lo lleves a la sala de


             recuperación y lo despachéis con cuidado cuando haya

             reaccionado.

               El  ayudante  asintió  y  retrocedió,  al  tiempo  que


             efectuaba  una  doble  reverencia.  Aristide  seguía



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