Page 213 - Un caso de conciencia -James Blish
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empleando un inglés sin complicaciones, llano y
directo. Mientras lo hiciera así buena señal.
Aristide se volvió de nuevo para seguir
inspeccionando a los invitados. A la sazón había unos
pocos más pero él estaba pendiente de la reacción de la
condesa ante la ausencia del invitado de honor. Por el
momento Aristide no tenia por qué preocuparse
aunque podía ver que las insinuaciones de la condesa
empezaban a cobrar cierta frialdad. Por el momento,
sin embargo, iban dirigidas a los protectores del
monstruo, el doctor Michelis y la doctora Meid, que no
tenían, como se echaba de ver, respuesta plausible ante
tales envites. El doctor Michelis no podía hacer otra
cosa que repetir una y otra vez, con una cortesía que
adquiría tonos más convencionales a medida que se
colmaba su paciencia:
- Señora, no tengo idea de cuándo va a venir. Ni
siquiera sé dónde reside en la actualidad. Prometió que
acudiría. No me sorprende que llegue tarde, pero creo
que terminará por dejarse ver.
La condesa se alejó con aire altanero, meneando las
caderas, detalle que para Aristide era una incipiente
señal de alerta. La condesa no tenia otro medio de
presionar a los veladores del litino, por más que éstos
ignoraran la verdadera situación familiar de la
condesa. Por algún ardid hereditario, Lucien, conde de
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