Page 217 - Un caso de conciencia -James Blish
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ascensor de vapor les llevaba al segundo nivel en la
más completa oscuridad, entre emanaciones de
mohosa humedad. Luego, las grandes puertas frente a
ellos se plegaron rechinantes hacia arriba. El pequeño
convoy abandonó el interior y enfiló un brusco viraje
peraltado. La delantera del tren, en forma de arado,
embistió una serie de puertas batientes de doble hoja,
sumiendo a sus pasajeros en una oscuridad más
intensa si cabe que la anterior, deteniéndose por
completo con una chirriante sacudida.
De la oscuridad surgió un coro de voces chillonas e
histéricas en las que se entremezclaban las risas de las
mujeres y los gritos de los hombres.
- ¡No resisto más!
- Henry, ¿eres tú?
- Quítame las manos, zorra.
- Me siento muy mareada!
- Eh, cuidado, ese cacharro vuelve a ponerse en
marcha.
- Tú, majadero, quítame las pezuñas de encima.
- Eh, oiga, usted no es mi esposo.
- ¿Y qué importa eso, señorita?
- Esta mujer ha ido demasiado lejos en...
Las voces quedaron sofocadas por el ulular de una
sirena, tan prolongado y estridente que los oídos de
Michelis continuaron resonando peligrosamente,
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