Page 259 - Un caso de conciencia -James Blish
P. 259
mamparos que separaban los distintos reservados
cuando no hallaban un medio mejor de penetrar en el
interior. Egtverchi no tiene aún la fortaleza de un litino
adulto, pero es corpulento y no le costó mucho derribar
los tabiques.
Lo que ocurrió a continuación no está muy claro.
Depende de la versión periodística que uno prefiera.
Por lo que he podido recoger de todas estas reseñas,
Egtverchi no infligió en persona daño alguno, y si sus
adalides lo causaron también se llevaron su parte,
puesto que uno de ellos resultó muerto. El principal
quebranto lo ha sufrido la condesa, que se ha
arruinado. Algunos de los reservados invadidos no
figuraban en la ruta del carrilete, y había en ellos unos
cuantos peces gordos disfrutando cada uno de su orgía
particular, ideadas para ellos por los maestros de
festejos de la condesa. Los que no han cedido ya ante
los relatos sensacionalistas ‐si bien hay casos en que la
publicidad que se les ha dado está por debajo de las
escenas que tenían lugar en los reservados‐ se han
echado a la calle para tomarse la venganza por su
mano contra la estirpe de los Averoigne.
Por supuesto que lo ocurrido no afecta al conde de
manera directa, pues ni siquiera tenia idea de lo que
estaba ocurriendo. (Por cierto, ¿leíste el último trabajo
monográfico de «H. O. Petard»? Vale la pena: le da un
259

