Page 262 - Un caso de conciencia -James Blish
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el queso y cuya presencia en Roma durante un Año


             Santo resultaba difícilmente explicable.

               Ruiz‐Sánchez  cerró  los  ojos  para  abstraerse  de  sus


             compañeros de viaje. Muy inquieto tenía que estar el

             pobre Mike para escribirle una misiva como aquélla a

             la mañana siguiente de su boda. No era de extrañar que


             fuera casi ilegible.

               Abrió los ojos con cautela. El sol casi le cegaba, pero

             pudo vislumbrar un campo de olivos en el marco de


             unos  cerros  de  color  pardo  oscuro  que  se  alineaban

             ordenadamente  bajo  un  cielo  de  purísimo  azul.  De

             repente,  las  colinas  se  le  vinieron  encima  como  una


             mole y el tren se adentró a toque de silbato en un túnel.

               Ruiz‐Sánchez volvió a coger la carta; pero al pronto


             los apresurados trazos se enturbiaron hasta convertirse

             en una difusa mancha. Un brusco alfilerazo de dolor le

             oprimió  la  parte  superior  del  glóbulo  ocular,  ¡Santo


             Dios!  ¿Se  estaría  volviendo  ciego?  Menuda  tontería.

             Aquello no era más que un acceso de hipocondría. No;


             no  le  aquejaba  ninguna  dolencia.  Sólo  tenia  la  vista

             cansada. El pinchazo en el ojo fue debido a la tensión

             que comprimía el seno esfenoidal izquierdo, que tenia


             inflamado desde que salió de Lima para residir en el

             húmedo hemisferio norte y que la atmósfera acuosa de

             Litina no había hecho sino agudizar.


               A  la  sazón  lo  que  le  tenia  inquieto  era  la  carta  de



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