Page 263 - Un caso de conciencia -James Blish
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Michelis, cosa por demás evidente. No había por qué
echar la culpa del malestar a los ojos o a los senos
nasales, meros sustitutivos psicológicos ante sus
manos vacías, huérfanas incluso del ánfora en la que
Egtverchi había nacido. De aquel presente no quedaba
más que la carta. ¿Qué respuesta dar a lo que estaba
aconteciendo?
¡Caramba! Pues la que según toda evidencia Michelis
empezaba a vislumbrar: que la razón de la
popularidad y de la conducta de Egtverchi radicaba en
el hecho de que era un ser mental y emocionalmente
inadaptado. No había conocido la crianza habitual
entre los de su especie, que le hubiera mostrado cuán
importante es aprender a sobrevivir en una sociedad
eminentemente predadora, y en cuanto al código ético
que regia en la Tierra apenas tuvo tiempo de abordar
su estudio cuando Michelis lo sacó materialmente del
aula para convertirlo en un ciudadano. A la sazón
había tenido ya amplias oportunidades de constatar la
hipócrita observancia que algunos hacían de estas
leyes, lo que dada la inflexible lógica de la mente litina
sólo podía significar como mucho que todo el cúmulo
de preceptos morales venia a ser una especie de juego.
(Egtverchi conoció en la Tierra la noción de juego,
desconocida en Litina.) Sin embargo, no podía
compensar dicha carencia con un código litino, ya que
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