Page 270 - Un caso de conciencia -James Blish
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El tren entró en la Stazione Termini de Roma cinco

             minutos  antes  del  horario  previsto  al  tiempo  que


             emitía  un  pitido  estridente  como  el  chillido  de  una

             mujer. No le costó mucho a Ruiz‐Sánchez dar con un

             mozo  de  andén,  al  que  obsequió  con  la  habitual


             propina de 100 liras por las dos maletas a la par que le

             indicaba  el  punto  de  destino.  El  sacerdote  sabia

             bastante italiano, pero no la parla común, por lo que el


             facchino sonreía con ostensible regodeo cada vez que

             Ruiz‐Sánchez abría la boca. Había aprendido la lengua

             en los libros: una parte leyendo al Dante, pero sobre


             todo en los libretos de óperas, con lo que su defectuosa

             pronunciación                  quedaba             compensada                  por         las


             rocambolescas  frases  que  engarzaba.  Era  incapaz  de

             preguntar por la parada de frutas más cercana sin que

             pareciese  que  iba  a  echarse  de  cabeza  al  Tiber  si  no


             obtenía respuesta.

               - Bé ʹa! ‐ repetía el mozo, cada vez que el jesuita


                 construía una frase ‐. Che bé ʹa!

                Aun  así,  la  actitud  del  hombre  resultaba  más

             soportable que la que halló en Francia a raíz de la visita


             que realizó a París quince años atrás. Se acordaba de

             un  taxista  que  no  quiso  atender  su  petición  de  ser

             conducido  al  Hotel  Continental  a  menos  que  le


             escribiera la dirección en un papel, tras lo cual el muy



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