Page 275 - Un caso de conciencia -James Blish
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Ahora, el Signor Egtverchi se ha convertido en un valor


             sólido, y si la experiencia pasada sirve de algo ‐cosa

             indudable‐, ello significa que en adelante el litino se


             verá  inducido  a  exhibir  aquellos  aspectos  de  su

             condición  de  personaje  popular  que  antaño  le

             merecieron acres censuras y que llevaron a la emisora


             a pensar en la posibilidad de cortar la retransmisión

             del programa. En una palabra: de la noche a la mañana,

             el litino vale su peso en oro.


               Era un articulo a la vez documentado y redactado con

             apasionamiento, dentro del más puro estilo romano,

             pero mientras Ruiz‐Sánchez no supiera con exactitud


             qué había dicho Egtverchi en la telepantalla no podría

             poner en entredicho ni una sola de las afirmaciones del


             articulista. Tanto la visión del periodista como el cálido

             tono del lenguaje empleado parecían estar justificados,

             aunque indudablemente siempre cabria aducir que el


             periodista  se  había  dejado  unas  cuantas  cosas  en  el

             tintero.


               Por lo menos en lo que a Ruiz‐Sánchez concernía, el

             mensaje de Egtverchi le llegaba con claridad. Era un

             acento familiar, de aséptica perfección. ¡Y pensar que


             iba destinado a un auditorio compuesto mayormente

             por  menores  de  edad!  ¿Había  existido  en  verdad

             alguna vez una criatura llamada Egtverchi? En tal caso,


             debió de estar poseído por el demonio. Sin embargo,



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