Page 292 - Un caso de conciencia -James Blish
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-  No buscaría ninguno si supieran ustedes lo que se

             llevan entre manos ‐ protestó Michelis ‐. ¿Por qué no le


             impiden aparecer en la pantalla? Si estiman que está

             emponzoñando el ambiente no parece que tengan otra

             solución.


               - Lo que es veneno por un lado es knish por el otro ‐

             apuntó  con  voz  suave  el  miembro  del  organismo


             supranacional ‐. La firma Bifalco no ve las cosas desde

             el mismo ángulo que nosotros. Ellos cuentan con sus

             propios  analistas  y  saben  tan  bien  como  nosotros


             mismos que la semana próxima recibirán más de siete

             millones y medio de postales que les van a poner de

             vuelta  y  media.  Pero  esta  perspectiva  les  complace.


             Estoy por decir que se revuelcan literalmente de gozo.

             Piensan que así venderán mejor el producto. Es muy

             probable  que  patrocinen  en  exclusiva  un  espacio  de


             media hora si la respuesta del público se atiene a sus

             previsiones, ¡y vaya si será así!


               - De  todos  modos  no  entiendo  por  qué  permiten  a

             Egtverchi seguir en el programa ‐ terció Liu.

               - Los estatutos de la organización no permiten coartar


             el derecho a la libre expresión. Mientras Bifalco ponga

             el  dinero,  el  programa  ha  de  seguir  en  antena.  La

             norma  no  es  mala  en  si.  Con  anterioridad  hemos


             podido  experimentar  suficientes  veces  su  valor,  sin

             que cobrara el sesgo amenazante que muestra en las



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