Page 291 - Un caso de conciencia -James Blish
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intimidad,  aunque  no  pudiera  reprocharle  nada  en


             concreto.

               - ¿Ni siquiera a la doctora Meid? ‐ preguntó ‐ el


                 funcionario.

               - A nadie ‐ respondió Michelis, con un deje de

                 irritación en la voz.


               - Me  parece  natural.  Y  le  repito  que  no  escogí  de

             manera  deliberada  esta  carta  para  conmocionarles,

             doctor Michelis. Es una simple bagatela..., muy poca


             cosa  comparada  con  el  calibre  de  lo  que  estamos

             recibiendo. Es evidente que la Serpiente esa tiene un

             auditorio  que  roza  los  lindes  de  la  demencia  y  que


             intenta valerse de este influjo. Por este motivo decidí

             visitarles. Hemos pensado que tal vez usted sepa qué


             objetivo busca al actuar como lo hace.








































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