Page 321 - Un caso de conciencia -James Blish
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una solución definitiva. En teoría debería ponerla en
práctica.
Les miró como absorto. El zumbido de las abejas, que
tanto le recordaba la melodía de los bosques litinos,
resonaban con insistencia en su cerebro.
‐...pero no creo que me decida ‐ concluyó.
Michelis era capaz de mover montañas cuando se lo
proponía. En circunstancias normales era hombre de
formidable empuje pero cuando pasaba por un trance
apurado y veía una posible salida, ni una apisonadora
se hubiera mostrado más contundente a la hora de
abrir una senda por la que escabullirse.
Lucien conde de Bois dʹAveroigne, ex Procurator de
Canarsie y miembro perpetuo de la Hermandad de la
Ciencia, les recibía cordialmente en su retiro
canadiense. Ni siquiera la figura silenciosa y sarcástica
de Egtverchi le hizo pestañear. Estrechó la mano del
inadaptado reptiloide como si se tratara de un amigo
al que lleva algunas semanas sin ver. Era un hombre
chaparro macizo, que apenas había rebasado los
sesenta años, con una voluminosa barriga. El resto de
su persona era de un color castaño: el escaso pelo que
le quedaba, el traje que vestía, y también la atezada piel
y el enorme puro que sostenía en la boca.
La habitación en la que recibió a Ruiz‐Sánchez,
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