Page 82 - Un caso de conciencia -James Blish
P. 82
- Oh, me temo que hay bastantes cosas poco claras ‐
dijo el jesuita.
- ¡Lo imaginaba! Sabía desde el principio que las cosas
no andaban bien ‐ exclamó Agronski ‐. ¿Recuerdas que
te lo dije, Mike?
- ¿Se trata de algo urgente?
- No, Mike... No corremos peligro, esto puedo
asegurártelo. El asunto puede esperar hasta que
hayamos descansado. También vosotros parecéis
necesitar un sueño.
- Estamos cansados ‐ dijo Michelis.
- ¿Y cómo no os pusisteis en contacto con nosotros? ‐
preguntó Agronski, quejoso ‐.
Padre, nos habéis tenido con el alma en vilo. Si algo
marcha mal aquí, deberías...
- No corremos peligro inmediato ‐ repitió con
paciencia Ruiz‐Sánchez ‐. En cuanto a por qué no
comunicamos con vosotros, estoy igualmente
desconcertado. Hasta la pasada noche estaba
convencido de que seguíamos en contacto con
vosotros. Esa tarea incumbía a Paul y parecía cumplir
con ella. Averigüe que no era así después de que él
hubo enfermado.
- En tal caso habrá que esperar a ver qué nos dice Paul
‐ concluyó Michelis ‐. En nombre de Dios, acostémonos
ya. Pilotar ese trasto a lo largo de cuatro mil kilómetros
82

