Page 176 - Limbo - Bernard Wolfe
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decírselo, acudiría allí de inmediato con su


            escalpelo. Deseaba saber qué incisiones tenía que


            hacer para producir un cerebro que pudiera


            decirle no a EMSIAC.



                  Tan pronto como este pensamiento le golpeó,


            el sudor empezó a resbalar por su frente. No se


            trataba tan sólo del calor o del cansancio. No, su


            siguiente pensamiento fue: Yo tampoco le digo no


            a  EMSIAC,  simplemente  apruebo  la  idea,


            abstracta, terapéuticamente...



                  Al  minuto  siguiente  —por  aquel  entonces


            estaba colocando la placa de tantalio que habían


            preparado los técnicos de laboratorio en el cráneo


            de  Caradeniño—  reaccionó  un  poco,  vio  una



            respuesta parcial a sus preguntas. En algún lugar


            en  aquel  lacerado  córtex,  en  algún  conjunto


            asociativo  que  no  era  lo  suficientemente  hábil


            como para localizar, había también un conjunto


            de  conexiones  cargadas  con  idealismo  y  buena


            voluntad y devoción a causas tan nobles como la


            del Triple‐P. Este lado del cerebro no formaba una


            masa  demasiado  grande  en  comparación  a  las


            agresiones  más  profundamente  enraizadas:  las



            cadenas                de          ternura               resultan               siempre


            empequeñecidas por las cadenas de opresión: el


            pacifismo sólo entra en juego durante las pausas,


                                                                                                      176
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